Profesionales pagados por Coca-Cola y Pepsi para mentir sobre los daños del azúcar

Hace unos días publicamos sobre la alimentación que nos enferma y la que no. Buena parte de nuestros problemas de salud vienen dados por la mala alimentación. La obesidad es epidémica ya, un problema de salud mundial, que está aumentando en muchos países en sintonía con el crecimiento del suministro de energía alimentaria, según un estudio de la Organización Mundial de la Salud. ¿Y qué hacen las compañías fabricantes de refrescos azucarados?
La comida insana ha ido desplazando a la saludable. Por ello, cobra especial interés conocer la responsabilidad de las grandes compañías fabricantes de refrescos azucarados. Coca-Cola y Pepsi, las dos principales, han gastado muchísimo dinero en los últimos lustros para intentar desvincularse del problema.

 

La industria del azúcar y los mayores productores de refrescos se encuentran en una situación similar a las tabaqueras hace décadas. El mundo sufre una epidemia de obesidad y el consumo de bebidas azucaradas es uno de las culpables comprobados.
Cada lata de refresco convencional contiene 40 gramos de azúcar, bastante más de los 25 diarios considerados ideales por la Organización Mundial de Salud. Ante el creciente consumo de estos refrescos, que llega al límite de la adicción en México, algunos países han creado impuestos contra estas bebidas y otros barajan incluir mensajes de alerta como los que ya salen en los paquetes de cigarrillos”.
¿Y cual es la reacción de compañías como las mencionadas? Pues esconder la cabeza en el suelo como el avestruz. Coca-Cola ha hecho campaña para desviar la atención sobre los daños a la salud que provoca el excesivo consumo de azúcar.
Dicha asociación nadie la discute hoy pero el mayor productor de bebidas azucaradas moldea la ciencia a su gusto para desinformar a la población en interés propio.

Lo publicó el New York Times. Como la crisis de obesidad que viven las sociedades industrializadas, con Estados Unidos a la cabeza, no para de aumentar y las compañías de comida y bebida “basura” están continuamente en el punto de mira de las críticas, Coca-Cola quiere convencer a sus consumidores de que lo importante es hacer más ejercicio y no precuparse tanto de las calorías que se ingieren con sus bebidas.

La compañía ha creado un lobby encabezado por científicos a sueldo que divulgan en conferencias, revistas médicas o medios de comunicación, que lo importante es ejercitarse restando importancia a lo que más importancia tiene, la ingesta enorme de calorías.
Este lobby se llama Red para el Balance Energético Global (GEBN).
¿Y qué es lo que publica ahora el diario madrileño? Pues sobre un nuevo estudio publicado que detalla que dos de los principales fabricantes de bebidas azucaradas a nivel mundial, Coca-Cola y PepsiCo, financiaron en Estados Unidos (EE.UU.) a 96 organizaciones que tienen un importante papel en la promoción de hábitos saludables y la lucha contra la obesidad o la diabetes.
El objetivo era limitar las críticas científicas a los refrescos y restar apoyos a las leyes que limitan su consumo, dice el estudio. La idea es sencilla (aunque seguramente cara): Los científicos negacionistas del lobby han de contar que no hay “evidencia científica” sobre la relación entre alimentarse de comida “rápida” y bebidas azucaradas y la obesidad o la diabetes.
La intención es generar dudas entre la población para que las medidas correctoras se retrasen y así poder continuar con el negocio. Entre los principales receptores de dinero “azucarado” están la Asociación de Diabetes de EE.UU. y la Fundación de Investigación de la Diabetes Juvenil, así como la Sociedad Americana de Cáncer.
También la mayor asociación de médicos del país, la AMA, la Cruz Roja y el Centro de Control de Enfermedades, la principal agencia del Gobierno encargada de la protección de la salud. Y las universidades de Harvard, Washington y Georgia.
El estudio, publicado en el American Journal of Preventive Medicine, la revista científica de la Asociación de Medicina Preventiva norteamericana, se centra en EE.UU. Mediante esta “compra de voluntades” la industria de la alimentación azucarada se equipara a la farmacéutica, a la que le va muy bien pagando a los médicos para “darles a conocer” sus medicamentos.
En España también se produce el fenómeno de la pediatría industrializada. Por ejemplo, con la “captura” de la Asociación Española de Pediatría por las industrias alimentarias. La AEP ha participado con su sello en la promoción de unos cereales de desayuno de una conocida multinacional de la alimentación.
Están en muchos frentes comerciales los representantes de los/las pediatras pues también patrocinan pañales (la Asociación Española Contra el Cáncer lo hace, por ejemplo, con unas compresas).
Sociedades que se consideran a sí mismas científicas deberían rechazar estos ofrecimientos. Hay quienes lo hacen. Por ejemplo, la Academia de Dietética y Nutrición, la Academia de Pediatría de EE.UU. y otras organizaciones, que en 2015 rechazaron seguir recibiendo el dinero de Coca-Cola.
Se da la circunstancia de que Coca-Cola hace como las empresas farmacéuticas agrupadas en el lobby Farmaindustria, publica a quién financia y con cuánto dinero. En España, una de las organizaciones que más fondos recibe, más de un millón de euros al año desde 2011, es el Instituto Europeo de la Hidratación.
A mí lo que me queda claro es que con la “transparencia” no es suficiente. ¿De qué sirve reconocer que dedicas dinero a comprar la voluntad de distintos profesionales? No por ello para su trabajo contra la salud pública.
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