EL FRAUDE DEL CRISTIANISMO (2/5) – DOS ETAPAS DE REDACCIÓN

 

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En el Primer Artículo de esta serie sobre el fraude que rodea la fundación del Cristianismo, Fernando Conde Torrens, realizaba una introducción al tema, en la exponía que el Cristianismo es una religión falsa, inventada en el siglo IV y no el el siglo I.

Asimismo, el investigador, concluye también que Jesús de Nazaret, jamás existió.

Estas conclusiones tan atrevidas como polémicas, se basan en las investigaciones realizadas por Conde Torrens y tal y como prometimos, en este artículo, empiezan a presentarse las primeras pruebas (muy sintetizadas para encuadrarlas en un artículo corto) que sirven de base para sustentar tales afirmaciones.

Antes de continuar, recordemos que la trama de esta presunta falsificación histórica de consecuencias tan abrumadoras, tendría como figuras centrales, a los siguientes personajes…

LACTANCIO, el hombre de la idea, el origen de todo el montaje. No convenció a Diocleciano, pero convenció a Constantino.

EUSEBIO DE CESAREA, historiador y amigo de Constantino. A las órdenes de Lactancio y en contra del proyecto para el que el Emperador Constantino le requirió.

CONSTANTINO, primero tribuno, el año 303, y desde el 306 César y luego Augusto, según ambos cargos, Emperador.

Este es el primer conjunto de pruebas en las que se fundamenta la teoría de Conde Torrens…

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La primera prueba que se va a exponer va a requerir la atención plena del lector. La prueba consiste en que parte de los Evangelios y Cartas del Nuevo Testamento están redactadas en dos etapas de redacción.

Primero se redactó una etapa, un cierto texto, y posteriormente ese texto fue añadido (“interpolado”, se dice) por otro Autor. Esto sería curioso, pero no grave, si la aportación del segundo Autor fuera una continuación de lo que escribió el primero. Es decir, si ambos tuvieran la misma mentalidad, las mismas ideas. Es decir, si predicaran lo mismo.

Pero no es así. El primer Autor escribe textos ciertos, verídicos, con doctrina válida incluso para hoy en día. El segundo, en cambio, aporta barbaridades conceptuales, errores de grueso calibre. Y que esto es así no es una invención del Autor de estas líneas, sino que veremos luego tres pruebas de que se trata de dos Autores diferentes, con dos mentalidades incluso opuestas.

Vamos a ver un ejemplo de dos etapas de redacción. Hay otros muchos ejemplos, pero vamos a elegir uno, la primera parte de la Carta de Santiago, los primeros 25 versículos. El lector la puede encontrar inmediatamente después de la Epístola a los Hebreos. Comienza con un saludo, en el que no vamos a fijarnos.

Veamos la que fue la primera etapa de redacción. Se indican los versículos de la parte inicial, de la primera etapa de redacción. Están subrayadas las palabras de lo que luego explicaremos son “despegues” y “aterrizajes”. Y están en cursiva las muletillas, palabras que el Autor repite. Al finalizar la exposición de esta primera etapa, explicaremos el significado de alguna palabra poco frecuente.

Primera Carta Original en Santiago. Primera etapa de redacción

5.    Si alguno de-vosotros está-falto de Sabiduría, pídala al-que la da,
Dios, a-todos, generosamente, y sin reproches, y la tendrá.

13.   Nadie, tentado, diga, que: “Por Dios soy-tentado“,
porque Dios nada malo procura, ni tienta a nadie.

14.  Todos somos tentados por nuestras propias concupiscencias,
halagados y arrastrados.

17.  Todo don bueno y toda dádiva perfecta viene de-Arriba,
procede del Padre de las Luces, en quien no hay cambio
alteración o sombra.

18.   Por-su-deseo os engendró con-la-Esencia de-la-Verdad,
siendo vosotros las primicias de cuanto Él ha creado.

21. Luego, expulsando toda mancha y resto de maldad,
con mansedumbre, recibid la-Esencia injertada en-vosotros,
que puede salvar las almas vuestras.

22. Volveos pues Esencia activa, no sólo la escuchéis,
engañándoos vosotros-mismos.

23. Pues si alguno escuchara la Esencia, pero no actuara,
sería como un hombre que mira su rostro innato en el-espejo,

24.  Pero mira y se va, y repentinamente olvidó cómo era.

25. Pero quien atisba la Ley perfecta, la de la-libertad, y persevera,
no como oyente olvidadizo, sino haciendo obras,
ése será bienaventurado en las obras suyas.

Sería bueno que el lector comprobara en su Biblia si el texto que figura en la misma guarda más o menos semejanza con esta traducción, hecha directamente del griego. Puede haber alguna sorpresa y así verá cómo se deformaron con las traducciones algunos conceptos clave.

Conviene explicar el concepto de Esencia. Realmente el original dice “Logos”, que significa “Divinidad” según Heráclito. Desde tiempos de Heráclito, siglo IV antes de nuestra era, todos los Maestros griegos empleaban el “Logos” de Heráclito para nombrar a la Divinidad, una Divinidad no personal, entendida como “la Causa de las cosas”. Es el mismo “Logos” del inicio del Evangelio de Juan, “En el principio existía el Logos, y el Logos era Dios”. Decir “el Logos” era lo mismo que decir “la Divinidad”.

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Un concepto común a todos los Maestros griegos es que cada humano lleva dentro una semilla de la Divinidad. Y el Autor de la primera etapa de redacción recoge esta doctrina.

Pero lo que nos interesa es la suerte de esta primera etapa de redacción. Va a ser añadida, interpolada. Y se va a convertir en lo que sigue, que el lector tiene en su Biblia.

En negro la primera etapa de redacción, o parte Original. En rojo, la interpolación, o segunda etapa de redacción.

Primera Carta en Santiago. Primera y segunda etapas de redacción

2. Tened amplio gozo, hermanos míos,
cuando encaréis tentaciones diversas,

3. sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia,

4. y la paciencia consigue una obra completa,
para que seáis perfectos y plenos, y nada os falte.

5.  Si alguno de-vosotros está-falto de Sabiduría, pídala al-que la da,
Dios, a-todos, generosamente, y sin reproches, y la tendrá.

6. Pero pídala con fe, sin dudar. Que el que duda es como ola del mar
llevada y zarandeada por el viento.

7. Que no imagine ese hombre que recibirá algo de Dios.

8. Un hombre indeciso, inestable en todos sus caminos.

9. Gloríese en cambio el hermano humilde en su grandeza,

10. opuestamente el rico gloríese en su pequeñez,
porque pasará como la flor de heno.

11. Porque salió el sol con calor abrasador y secó la hierba,
y su flor cayó y la belleza de su rostro murió.
Así también se marchitará el rico en sus negocios.

12. Muy dichoso el hombre que soporta la tentación, porque,
una vez probado,
recibirá la corona de la vida, que él prometió a quienes le aman.

13.  Nadie, tentado, diga, que: “Por Dios soy-tentado“,
porque Dios nada malo procura, ni tienta a nadie.

14.  Todos somos tentados por nuestras propias concupiscencias,
halagados y arrastrados.

15. Siempre la concupiscencia, tras concebir, engendra pecado,
y consumado el pecado, surge la muerte.

16. No os equivoquéis, amados hermanos míos.

17.  Todo don bueno y toda dádiva perfecta viene de-Arriba,
procede del Padre de las Luces, en quien no hay cambio
alteración o sombra.

18.   Por-su-deseo os engendró con-la-Esencia de-la-Verdad,
siendo vosotros las primicias de cuanto Él ha creado.

19. Escuchad, amados hermanos míos.
Sea todo hombre rápido para oír, lento para hablar, lento a la ira.

20. Que la ira del hombre no produce la justicia de Dios.

21. Luego, expulsando toda mancha y resto de maldad,
con mansedumbre, recibid la-Esencia injertada en-vosotros,
que puede salvar las almas vuestras.

22. Volveos pues Esencia activa, no sólo la escuchéis,
engañándoos vosotros-mismos.

23. Pues si alguno escuchara la Esencia, pero no actuara,
sería como un hombre que mira su rostro innato en el-espejo,

24. Pero mira y se va, y repentinamente olvidó cómo era.

25. Pero quien atisba la Ley perfecta, la de la-libertad, y persevera,
no como oyente olvidadizo, sino haciendo obras,
ése será bienaventurado en las obras suyas.


Capte el lector la diferente mentalidad de ambos Autores.

Vamos a fijarnos ahora en lo que hemos llamado “despegues” y “aterrizajes”. La situación es la siguiente:

El primer Autor ha dejado escrita la primera etapa de redacción. Al cabo de cierto tiempo viene el segundo Autor y a este hombre no le agrada en absoluto lo que ve escrito. Y decide cambiarlo. ¿Qué autoridad tenía él para modificar lo que había escrito el anterior? Ésa es una pregunta a la que todavía no podemos responder. El hecho es que actuó y cambió el texto.

Pero hay un problema, tiene que añadir sus frases de modo que encajen con lo que ya está escrito. Eso le obliga a que ciertas palabras, o conceptos, de lo que irá justo antes de lo ya escrito entronquen con las ideas ya establecidas por el primer Autor.

La primera frase del Autor primero – mire el lector el versículo 5 – dice Si alguno de-vosotros está-falto de Sabiduría”. Por eso el interpolador termina su primer aporte (versículo 4) con “y nada os falte”. En griego son leipomenoi y leipetai.

Tras la primera frase en negro, el interpolador quiere añadir más material. La frase en negro (vers. 5) es “pídala al-que la da”. Por eso él empieza su siguiente aportación (vers. 6) con “Pero pídala con fe”. Y así encaja perfectamente y no se nota que hay dos manos. En ambos casos se emplea la misma palabra en griego, aiteitw.

Sigamos. El versículo 13, siguiente párrafo en negro, comienza con Nadie, tentado, diga”. Por eso el interpolador coloca en la última frase de su aportación previa lo de “Muy dichoso el hombre que soporta la tentación, porque eso encaja perfectamente con lo que ya está escrito, “Nadie, tentado, diga”. En griego son peirasmon y peirazomenos.

Siguiente “despegue”: Dice el original en negro (vers. 14): “Todos somos tentados por nuestras propias concupiscencias”. Y comienza a continuación lo aportado por el interpolador (vers. 15): “Siempre la concupiscencia…”. La misma palabra en ambos, epizumia.

Para los dos últimos “aterrizajes” el interpolador recurre a la llamada de atención. Está hablando de las concupiscencias. Y como debe aterrizar en un discurso totalmente distinto, intercala (vers. 16) ese “No os equivoquéis, amados hermanos míos”, que cambia la dirección del discurso. Y lo mismo para el último acto, donde aporta algo completamente diferente con ese “Escuchad, amados hermanos míos”. Es decir, que ambas muestras de efusión son falsas, lo fueron por necesidades del guión.

Y se acaba la Carta primera, con sus dos etapas de redacción, que han quedado perfectamente ocultas hasta el día de hoy.

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Otras dos pruebas complementarias de que alguien le enmendó la plana al primer redactor – por si el lector las necesita – son:

* Las muletillas de uno y otro, señaladas en cursiva.

* Las ideas que ambos introducen en el texto.

Las muletillas del interpolador, sacadas de la continuación de la carta, son:

Fe pobre rico juez juzgar juicio cosmos nombre Ley pecado todos obras Escritura gracia Parusía paciencia verdad.

El juicio, al final de la vida. El pecado. La fe y las obras. La Parusía, o segunda venida de nuestro Señor Jesucristo al final de los Tiempos. Las citas de la Escritura. Éstas son las ideas que gustan al interpolador. Estas palabras no son muletillas del primer Autor.

Anote el lector, si lo necesita, las ideas que el interpolador introduce en su prédica. Y compárelas con las del Autor de la primera etapa de redacción.

El lector queda invitado a leer el resto de la Carta de Santiago y a descubrir una segunda Carta Original, oculta en el texto total, que fue interpolada con la misa técnica y por el mismo interpolador. Una ayuda para encontrarla puede ser la expresión “poner freno”.


Esperamos que haya quedado claro que algo oscuro se esconde en los “textos sagrados” del Nuevo Testamento. Las tres cartas de Juan, el Evangelio de Juan y el de Marcos están escritos íntegramente en dos etapas de redacción, asimismo con doctrinas opuestas.

Algo raro se ocultaba en la fundación del Cristianismo. Daba la impresión de que un primer fundador escribió los textos fundacionales con doctrina acertada, similar a la de los Maestros griego del pasado. Y luego vino otro, con ideas mucho más elementales, llenas de visión mágica y con ganas de meter miedo, e hizo que el texto final reflejara su visión, destruyendo las ideas primeras, a pesar de ser mejores que las suyas. Por cada 10 frases de la primera etapa de redacción, el segundo colocó 90 de las suyas.

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Los propios textos demuestran – sin ningún género de duda – que se dio una pugna ideológica brutal en los mismos comienzos, cuando se estaban redactando los “textos sagrados” cristianos, el Nuevo Testamento. La prueba ha quedado en los mismos escritos en griego. No se puede negar el hecho, porque son los textos con los que se predica la doctrina y se defiende la historia. Y nunca desaparecerán.

¿Quiénes eran el uno y el otro? ¿Cuándo actuaron? ¿Por autoridad de quién? A estas preguntas podremos responder, también con pruebas escritas, en un par de artículos.

Fernando Conde Torrens


NOTA DEL AUTOR

SUGERENCIAS PARA PODER ESTUDIAR EL ARTÍCULO 2/5

No se trata, como algún Comentario del grupo 3 ha indicado, de que nadie se crea nada. Ni de que el Autor del libro esté en posesión de la verdad absoluta. Cuando alguien investiga, averigua algo y escribe un libro sobre ello, es suficientemente sensato como para tener claro que sus razones han de convencer. Por eso se esfuerza en que éstas aparezcan claras en su libro. Y eso he hecho. Las razones aparecen claras y convincentes en el libro. Las pruebas tantas veces mencionadas están en el libro.

En estos artículos se puede sólo mostrar en qué consisten las pruebas, de qué índole son. No pretenda nadie convencerse de la tesis del Autor con estos artículos. No plenamente, sin ningún género de dudas. No se pretendió eso en ningún momento. Porque no es posible. Las 864 páginas del libro no pueden producir el mismo efecto de convicción que las 20 ó 30 páginas de estos artículos.

Con estos artículos el lector sabrá si la investigación es genuina o no. Si expone aspectos conocidos o desconocidos, serios o insulsos, con cierta fuerza probatoria o sin ninguna. Si le merece la pena enterarse a fondo, en el libro, o no. Nada más.

Vamos ahora con unos comentarios sobre cómo entrar en la prueba primera, la doble etapa de redacción. Este artículo no es para leerlo de principio a fin y pretender llegar a una conclusión sobre la validez o no de la prueba. Tal cosa, así, es imposible. Cualquiera que tenga estudios universitarios sabe que para entender y aprenderse una lección difícil no basta con leerla una vez de corrido.

Ya se ha dicho en lea primera línea del artículo, se requiere la atención plena del lector. Porque lo que se muestra es una lección difícil, algo de lo que el lector no tenia idea, algo nuevo. Por tanto hay que estudiarlo, no sólo leerlo. Sólo con leerlo no se entiende. Y quienes han comentado algo en las primeras 24 horas tras su publicación, no han entendido. Porque no lo han estudiado. Hay que leer muy despacio, volviendo continuamente sobre sus pasos cada vez que surja alguna duda.

La Carta Original, en negro, se entiende fácil. Cuando se ha leído es obligado buscar ese pasaje en los propios Evangelios y cotejar la versión ofrecida con la versión que tiene el lector en su “Biblia”. Y fijarse en las diferencias, que las habrá. Especial interés en la traducción al griego “Logos”, que aquí se traduce por “Esencia” (también podría ser “Divinidad”) y ver qué pasa con ese concepto si se traduce, por ejemplo, por palabra. Darse cuenta de ello.

Como el texto total de la Carta está a diferentes colores, es fácil percibir qué es etapa original y que es añadido posterior. El lector debiera leer todo seguido el texto en rojo, para comprender qué conceptos son queridos al interpolador, o segundo escritor. Y leer de corrido el texto total. Primero, en la versión que aquí se ofrece, bien traducida del griego, lo que escribió Eusebio. Y, luego, leer el texto que le ofrece su Biblia, la que él compró en una tienda de Biblias. Y comparar ambos textos, el mensaje que transmiten.

Viene la parte más complicada, más laboriosa de entender: Captar cómo se hace una interpolación para que ésta no sea notada. Se trata de ver la habilidad del falsificador, [porque una “interpolación” es una falsificación, no nos engañemos; llamemos a las cosas por su nombre] para que su trampa pase inadvertida.

Y aquí es donde el lector debe aplicar lo mejor de su mente para poder seguir las indicaciones que se hacen, volviendo al texto rojo y negro cuantas veces haga falta, para captar los conceptos de “despegues” y “aterrizajes”. Hay que verlo con toda claridad. Es siempre lo mismo, repetir una palabra que haga de nexo, que engañe al lector, y éste no pueda diferenciar lo que había de lo que se añade.

Una vez esta comparación esta dominada y comprendida, viene lo último ya. Las pruebas complementarias para demostrar que son dos textos hechos por dos personas con mentalidades opuestas. Esto es vital, porque no sería grave si el segundo ampliara y prolongara la predicación del primero, que tiene más derecho que él para predicar algo en concreto, porque es anterior, más cercano al “Fundador”.

Las muletillas, palabras que se repiten, indican qué mensaje puso el primero y qué quiere introducir el segundo autor. Son distintas, porque las ideas de uno y otro son excluyentes, no son las mismas, son opuestas. El primer mensaje no contenía las ideas del segundo. Esto se comprueba con las muletillas y con las ideas que se contienen en el texto. No las hemos indicado en el artículo, lo debe hacer el lector.

Hemos puesto una tarea al lector interesado: Encuentre, en el resto de la Carta de Santiago, una segunda Carta original. La clave, la expresión “freno” o “poner freno”. Con eso debe bastar. Es difícil y largo encontrar las tres primeras frases de la Carta Original. Pero, una ve encontradas las tres primeras, las demás salen enseguida. Para el que no logre encontrarla, la solución está en este enlace. Tenga en cuenta que si mira el enlace, ya no podrá buscarla por él mismo nunca:

http://www.sofiaoriginals.com/carta-2a-de-santiago/


Vídeo con Navarra Televisión. Día 28-8-2.016

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