EL FRAUDE DEL CRISTIANISMO (3/5) – ACRÓSTICOS OCULTOS

En el segundo artículo de esta serie sobre el fraude en la fundación del Cristianismo, Fernando Conde Torrens, nos mostraba el primer conjunto de pruebas que sostienen su teoría sobre la falsificación del cristianismo y su creación en el siglo IV.

El investigador exponía las pruebas sobre la existencia de dos etapas de redacción en los Evangelios y en las Cartas del Nuevo Testamento, que aprovechando un primer escrito, manipulaban su mensaje e introducían un enfoque doctrinal totalmente diferente al del texto original. Como ejemplo de esta manipulación que serviría de base para fundar el Cristianismo, Conde Torrens analizaba la Carta de Santiago en sus primeros 25 versículos, que podemos encontrar en la Biblia y nos mostraba los indicios que sostienen la redacción en dos etapas del escrito, o interpolación.

En este tercer capítulo de la serie, Fernando Conde Torrens, nos descubre la existencia de “señales” secretas ocultas en el texto, que uno de los participantes de esta manipulación histórica de magnitudes incalculables, Eusebio de Cesarea, habría introducido sutilmente, como muestra de la manipulación.


Otra prueba de que Los Evangelios y todos los libros “cristianos” primitivos fueron escritos en el siglo IV lo constituyen los acrósticos – que llamaremos también “firmas” – que están escondidos en numerosos escritos “cristianos” anteriores a Nicea.

¿Qué es un acróstico? Un mensaje que se da medio oculto en un escrito. He aquí un ejemplo. Mensaje de un muchacho:

La destinataria se sentirá muy complacida, siempre que no sospeche que el verso esconde un mensaje envenenado en forma de acróstico:

Había en la Antigüedad dos tipos de acrósticos: Los que se colocaban en un texto para ser vistos, y los que se incrustaban en un texto para ser vistos sólo por el destinatario del escrito. Que tal acróstico se encontrara en ese escrito era prueba de que aquel mensaje venía, efectivamente, de la persona que firmaba el escrito.

Para ello era necesario que ambos, remitente y destinatario, se hubieran puesto de acuerdo previamente para concretar qué palabra o palabras podían formar parte del mensaje oculto y a qué distancia de los extremos de los párrafos, o líneas, debían encontrarse sus letras.

Lo mejor será explicarlo con un ejemplo. Supongamos que el lector y el Autor de estas líneas se ponen de acuerdo para incluir en su correspondencia una determinada clave, que indique que es precisamente el otro el que ha escrito el mensaje que uno recibe. Sea esa clave “SIMÓN”.

El acuerdo previo podría ser como sigue:

1. En escritos con 5, 6 ó 7 párrafos, se incluirá la palabra “SIMÓN” hacia el inicio o hacia el final de los párrafos, pudiendo colocarse tanto al derecho como al revés. Para escritos con más párrafos, se establecerá otra clave con más letras.

2. Las letras de “SIMÓN” estarán a 8 lugares de los extremos, contando la letra de la firma como un lugar.

Los acrósticos más frecuentes se colocan al inicio de los párrafos, como primera letra de dicho párrafo. Es el ejemplo ofrecido. En tal caso es fácil ver si hay un acróstico o no; basta echar una mirada a las primeras letras y ver si forman un texto legible o no. Así son los acrósticos que hemos denominado “para ser vistos”. No se pretende ocultarlos, todo lo contrario.

Pero en la Antigüedad también se usaban acrósticos “para no ser vistos” sino por dos personas, las que habían pactado a qué reglas debía obedecer.

Si el acróstico que hemos mencionado, “SIMÓN”, fuera un acróstico “para ser visto”, las reglas serían que se colocara siempre al inicio de los párrafos, y siempre de modo que se lea al derecho, conforme avanza la lectura. Y los lugares que ocuparían el total de las letras de la firma serían 5, las propias letras.

Pero como nuestro acróstico es del tipo “para no ser visto”, se colocará preferiblemente al final de los párrafos, para dificultar su localización. Y se meterá alguna letra un lugar, dos, o tres lugares dentro del texto, porque así lo ordena la segunda regla pactada.

Un ejemplo de qué aspecto ofrecería un texto arbitrario dotado de acróstico oculto sería el siguiente:

Mi querido amigo Sisebuto:
Espero que al recibo de ésta estés bien.
A mí me son totalmente favorables los hados.
He podido encontrar al amigo del que hablamos.
Lo hemos resuelto todo y pronto podré salir de aquí.
Recibe un fuerte abrazo y mis mejores saludos.
Siempre tuyo, Fulgencio.

Recuérdese que el acróstico está puesto “para no ser visto”. Nada hace sospechar a un lector ignorante del convenio privado que en este escrito haya una palabra clave oculta.

Pero sepamos lo que Sisebuto va a ver cuando reciba la misiva:

Las letras de la palabra pactada, “SIMÓN”, ocupan las posiciones 1-1-3-2-1, cuya suma es, efectivamente, 8. Eso le indica a Sisebuto que la carta proviene, en efecto, de su amigo Fulgencio. Sólo él es capaz de dar esa estructura al escrito.

Se entiende ahora que esta clave, “SIMÓN”, vale para escritos con 5, 6 ó 7 párrafos. Que dejan ninguna, una o dos frases sin letra de la firma. La firma se colocaba centrada en el texto. Para escritos más largos, habrá que pactar otras palabras con más letras.

Dicho esto, digamos también que una de las personas que redactó Evangelios y escritos “cristianos” primitivos, anteriores a Nicea, no estaba de acuerdo con la tarea que le habían encomendado y que debía realizar. Y se las ingenió para colocar el mismo acróstico, “SIMÓN”, en todos los textos que escribió. Con ello demostraba que todos aquellos libros los había escrito él y no eran de los diversos Autores que figuraban como tales. Estamos refiriéndonos a los Evangelios.

La falsa Carta de Santiago era uno de estos escritos. Por ello en dicha Carta hay una firma de “SIMÓN”. Como él escribía en griego, la firma está en el texto primitivo, que está en griego.

Para poder ofrecer al lector la firma en el texto en griego, antes lo traduciremos al castellano. Pero lo haremos de modo que se conserve la firma. Para ello debemos forzar un poco el texto, ya que de lo contrario la firma no aparecería en la traducción.

Traducción de la Primera Carta Original en la Carta de Santiago

1. Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesúcristo, a las doce tribus de la Diáspora.
Salud
2. Tened amplio gozo, hermanos míos, cuando encaréis tentaciones diversas,
3. sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia,
4. y la paciencia consigue una obra completa,
para que seáis perfectos y plenos, y nada os falte.
5.    Si alguno de-vosotros está-falto de Sabiduría, pídala al-que la da,
Dios, a-todos, generosamente, y sin reproches, y la tendrá.
6. Pero pídala con fe, sin dudar.
Que el que duda es como ola del mar llevada y zarandeada por el viento.
7. Que no imagine ese hombre que recibirá algo de Dios.
8. Unhombre indeciso, inestable en todos sus caminos.
9. Gloríese en cambio el hermano humilde en su grandeza,
10. Opuestamente el rico gloríese en su pequeñez,
porque pasará como la flor de heno,
11. porque salió el sol con calor abrasador y secó la hierba,
y su flor cayó y la belleza de su rostro murió.
Así también se marchitará el rico en sus negocios.
12. Muy dichoso es el hombre que soporta la tentación,
porque, una vez probado, recibirá la corona de la vida,
que él prometió a quienes le aman.
13.   Nadie, tentado, diga, que: “Por Dios soy-tentado“,
porque Dios nada malo procura, ni tienta a nadie.
14.  Todos somos tentados por nuestras propias concupiscencias,
halagados y arrastrados.
15. Siempre la concupiscencia, tras concebir, engendra pecado,
y consumado el pecado, surge la muerte.
16. No os equivoquéis, amados hermanos míos.
17.  Todo don bueno y toda dádiva perfecta viene de-Arriba,
procede del Padre de las Luces, en quien no hay cambio
alteración o sombra.
18.   Por-su-deseo os engendró con-la-Esencia de-la-Verdad,
siendo vosotros las primicias de cuanto Él ha creado.
19. Escuchad, amados hermanos míos.
Sea todo hombre rápido para oír, lento para hablar, lento a la ira.
20. Que la ira del hombre no produce la justicia de Dios.
21. Luego, expulsando toda mancha y resto de maldad,
con mansedumbre, recibid la-Esencia injertada en-vosotros,
que puede salvar las almas vuestras.
22.    Volveos pues Esencia activa, no sólo la escuchéis,
engañándoos vosotros-mismos.
23.    Pues si alguno escuchara la Esencia, pero no actuara,
sería como un hombre que mira su rostro innato en el-espejo,
24.   Pero mira y se va, y repentinamente olvidó cómo era.
25 Pero quien atisba la Ley perfecta, la de la-libertad, y persevera,
no como oyente olvidadizo, sino haciendo obras,
ése será bienaventurado en las obras suyas.

 

Veamos qué enseñanzas se pueden obtener de este texto. El Autor coloca el acróstico en la interpolación, en la segunda etapa de redacción. Siempre lo hace así.

Es el momento de descubrir la personalidad de los dos Autores de que hemos hablado. El hombre que presenta a Jesús como un Maestro de Sabiduría es Eusebio de Cesarea (luego veremos por qué se sabe que es él.) Él era un Maestro de Sabiduría y toda la doctrina auténtica que hay en el Nuevo Testamento es suya, son parte de su Sabiduría.

El Autor que defiende las ideas de la interpolación es Lactancio, el hombre de la idea, el jefe del equipo, el protegido de Constantino. Cuando Eusebio escribe los escritos del lote que le han correspondido debe hacer que el total refleje las ideas de Lactancio. Pero incluye una primera etapa, con doctrina verdadera. Y luego él mismo la interpola con las ideas de Lactancio, copiando su estilo, muletillas, ideas a inocular, etc.

Y es el momento de decir también que la palabra “SIMÓN” en griego ‘koiné’ significa “falso, burla”. Con ello Eusebio se estaba burlando de toda la doctrina de Lactancio y dejaba constancia de que era falsa.

Debemos aclarar también que la división en versículos es muy posterior, y es un intento de desdibujar la estructura original en párrafos, cada párrafo con una letra de la firma.

En concreto, digamos que los versículos 1, 2 y 3 eran un solo párrafo en el texto primitivo. Un solo párrafo queda fuera de la firma de “SIMÓN”. Pero si se ponen más, se disimula este hecho.

Del mismo modo, 6 y 7 eran un solo párrafo, y se dividió en dos por la misma razón. También 8 y 9 eran un solo párrafo, y se dividió en dos para que así las letras de la firma no encabezaran párrafos seguidos y no se vea tan clara la firma.

Igualmente, 10 y 11 eran un mismo párrafo. Esto se ve con toda claridad, porque ambos tratan de la flor de heno. Se dividió en dos para echar un poquito de niebla sobre la firma. Y por último, también 19 y 20 eran un solo párrafo. Ambos hablan sobre la ira.

Evidentemente, una traducción no es prueba de nada. La prueba es el texto original en griego. Y en él se aprecia con toda claridad la firma delatora, “SIMÓN”, puesto por Eusebio de Cesarea. Lo que en nuestro idioma es SIMÓN, en griego antiguo, con la fuente empleada – Symbol – es…

Primera Carta Original en la Carta de Santiago

Por limitaciones de espacio, no podemos ofrecer más que un solo acróstico de “SIMÓN” obra de Eusebio de Cesarea, autor de los Evangelios. En “Año 303. Inventan el Cristianismo”, se ofrecen catorce.

Lo que sí se puede indicar es por qué identificamos a “SIMÓN” con Eusebio de Cesarea. Es muy sencillo, porque hay una obra perfectamente conocida por todos los estudiosos del Cristianismo primitivo, la “Historia eclesiástica” de Eusebio de Cesarea. En ella también aparecen varias firmas de “SIMÓN”. Eso también se ve en el libro citado.

Los detractores que han surgido – ninguno de los cuales ha leído el libro donde expongo las pruebas documentales – argumentan que lo de “SIMÓN” no son acrósticos. El argumento que esgrimen es que no responden a la definición que de “acróstico” hace la “Real Academia Española de la Lengua”.

A esto pueden objetarse tres cosas: Que las reglas a las que obedecían los escritos de tiempos de Constantino y de Trajano (pues también se han encontrado acrósticos similares en la correspondencia de Trajano con Plinio) no pueden verse limitada por las definiciones que se hagan por una Institución que ve la luz en el siglo XVIII. Equivale a darle efectos retroactivos en el tiempo y en el idioma, y eso no es de recibo. Porque la Academia define conceptos para el castellano y los acrósticos están en latín del siglo IV y anteriores.

Pero a mayor abundamiento, dice la Real Academia Española de la Lengua (1):

Acróstico: Dicho de una composición poética: Constituida por versos cuyas letras iniciales, medias o finales forman un vocablo o una frase. Utilízase también como sustantivo masculino.

Y de “medio” dice mi Diccionario Espasa Quince:

Medio: Dícese de lo que está entre dos extremos, en el centro de algo o entre dos cosas.

De modo que lo que se adjetiva con el calificativo de “medio” puede estar en el centro de algo, pero también puede estar entre dos extremos, o entre dos cosas.

Y las letras de los acrósticos de Eusebio están entre dos extremos de los textos. Luego son efectivamente “acrósticos”, incluso según lo definido para el idioma castellano por la Real Academia Española de la Lengua desde tiempos de la Ilustración.

Y por último, casi podría asegurarse que incluso los autores modernos colocan acrósticos en sus obras. ¿Para qué? Por si se copia su obra, para poder demostrar ante un Juez que oculto en el texto y con unas reglas que sólo él conoce y que él ha decidido, esta su nombre como autor del libro. Y precisamente porque este hecho es sabido, quien copia la obra de otro se la da usualmente a un ayudante, para que la re-escriba cambiando todas las frases, y destroce así cualquier acróstico del autor que pueda haber.

Y las reglas que coloque un determinado autor para su acróstico pueden ser todo lo complicadas que quiera, pero siempre eso será un acróstico, porque esas reglas son fijas, se cumplen siempre. No se puede poner vallas a la decisión de cómo hace uno su propio acróstico. Porfirio hacía acrósticos “para ser vistos” y el mensaje estaba en las diagonales y bordeando el texto, que era cuadrado. Editado en la Colección Pisaurensis.


Para finalizar este tema, todos los Evangelios, otras obras más del Nuevo Testamento – como la Carta de Santiago – y otros escritos ““cristianos”” anteriores a Nicea, obras de Eusebio de Cesarea, llevan la firma delatora de “SIMÓN” puesta por Eusebio, su Autor.

Ya sé que razonar con acrósticos y con etapas de redacción a alguien que tal vez nunca se haya dedicado a estos temas, pueda resultar un poco arduo. Pero para entender el mundo hay que saber cómo funciona. Y en tiempos de los romanos se funcionaba así, con falsificaciones, con acrósticos, con libros usurpados por terceras personas … Y con lo que aun nos queda por ver, que es todavía más complicado.

La vida nunca ha sido simple, y antiguamente, menos. Por raro que nos parezca. Los antiguos tenían mucho más ingenio que nosotros hoy en día. Los ordenadores nos han vuelto perezosos, de mente roma …

Nos queda la tercera prueba, las “estructuras” con las que se escribía en la Antigüedad.

Luces en la Oscuridad. Pedro Riba. 1-10-2.016

(1) Algunos cambian el orden y hablan de la Real Academia de la Lengua Española. No. La que es Española es la Academia, no la Lengua.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s