EL TERROR YIHADISTA

 

Es vox populi, aunque los medios lo ocultan. El terrorismo yihadista, como el propio Daesh o Estado Islámico, son una creación de los servicios secretos de la Troika del Terror, la CIA, el MI6 y la OTAN, infiltrados, coordinados y dirigidos por el MOSSAD. Al Daesh lo entrenan y dirigen militares occidentales e israelíes y es financiado por diversos estados dictatoriales del planeta Tierra, como Arabia Saudita. Nada casualmente, EEUU, que interviene en países teóricamente “para salvar la democracia y los derechos humanos”, protege a dictaduras fundamentalistas islámicas como la de Arabia Saudita que corta las manos a los ladrones, cuelga a los homosexuales y lapida a las adúlteras. El presidente Trump acaba de entregar al rey Saud 110.000 millones de dólares en sofisticado armamento para que lo use a su antojo. Interviniendo en Yemen o en Siria, por ejemplo.

De modo que, evidentemente, todos los atentados que se atribuyen al terrorismo yihadista en Occidente son cometidos por las cloacas de la CIA, el MI6 y la OTAN. Por eso resultan imparables. Porque el enemigo está dentro, porque los crímenes los cometen quienes se supone que luchan contra el terrorismo yihadista. Generalmente utilizan la técnica denunciada por David Steele, oficial y analista de la CIA, de simultanear cada atentado auténtico con maniobras conjuntas sobre el mismo supuesto que le dan cobertura y desactivan la seguridad:

La mayoría de atentados terroristas en el mundo lo son de falsa bandera, o bien esos atentados son ejecutados por nuestros propios servicios de inteligencia. En los Estados Unidos, cada incidente terrorista que hemos tenido ha sido una falsa bandera o bien ha sido un informante controlado por el FBI. De hecho, ahora tenemos ciudadanos que están impulsando órdenes de restricción contra informantes del FBI que están tratando de incitar al terrorismo. Nos hemos convertido en un manicomio.

¿Y de dónde salen los supuestos culpables que aparecen en los medios, esos terroristas suicidas que se inmolan en Londres o París? Pues siempre los mismos: cabezas de turco que siempre cumplen un patrón: todos eran “seguidos de cerca” por los servicios policiales de cada país.

La realidad es que se trata de delincuentes de familias musulmanas, generalmente relacionados con el trapicheo de drogas, que son detenidos por la policía. Gente nacida ya en el país occidental, pero sin oportunidades de verdadera integración laboral y social. Los más vulnerables de esos delincuentes son escogidos por los servicios antiterroristas y se les hace una oferta irrechazable: o se prestan a ser informadores o van a la cárcel. Muchos aceptan. Creen que han tenido mucha suerte ese día. Y acceden a lo que se le pide: acudir a las mezquitas y relacionarse con los extremistas ideológicos musulmanes. Como no obtienen resultados, aceptan que se les hagan páginas de Facebook donde expresan ideas fundamentalistas “para así atraer a los verdaderos terroristas”. Se les pagan viajes a Siria o Libia para que “vayan de pesca” o a ver a sus familias.

Un buen día, estalla una bomba situada en una papelera a la salida del concierto de una estrella del pop y mujeren docenas de personas, entre ellas niñas de corta edad. En otro lugar no muy lejano se asesina al cabeza de turco cuando acudía a una entrevista con su “oficial de inteligencia”

La policía acordona el lugar. Y poco después el mundo lobotomizado por los media conoce la noticia de que un peligroso terrorista se ha inmolado, que su cuerpo destruido ha aparecido a docenas de metros de la explosión. Llevarlo al lugar del atentado es muy sencillo, llega en una de las ambulancias de ayuda a los heridos. Poco después de hallar el cadáver, la policía tiene “pruebas” del activismo del difunto (casualmente, ha quedado intacto su carné de identidad), las mismas que han sido prefabricadas por la Troika del Terror. Aparecen vídeos del “terrorista” sacando la basura en su casa. Se descubre que el explosivo utilizado era técnicamente muy sofisticado. Y se preguntan todos cómo puede haberlo conseguido. Se detiene a una docena de personas “que pueden formar parte de la célula de apoyo”. Algunos son muertos a tiros mientras “se resistían”. Los medios dedican miles de horas a repetir la noticia, lo que asusta a la gente aún más (casi todos somos padres). Y el caso está cerrado.

Si lo anterior no es la verdad exacta, reconozcamos que es perfectamente sencillo. Mucho más que convertir a un putero drogadicto nacido en Occidente en un fundamentalista capaz de inmolarse.

¿Dónde falla estrepitosamente el cuento de los medios? En que nadie capaz de conseguir un sofisticado explosivo es incapaz de utilizar un mando a distancia para detonar el explosivo colocado en una papelera. Vamos, que no hace falta inmolarse para ser un asesino miserable. De hecho, los verdaderos culpables siguen vivos, cobran todos los meses y preparan el siguiente atentado.

De modo que lo único que hay que preguntarse es ¿por qué trata de aterrorizarnos la Troika? Dejemos la respuesta para una siguiente entrega (aunque la conocéis todos los lectores asiduos de esta publicación).

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